Desde el principio al fin, el amor

Desde el principio al fin, el amor

Formación 

 

La formación del primer vínculo de apego, generalmente con la figura materna, es esencial para el desarrollo socio-afectivo del niño o niña, y particularmente clave para la formación y desarrollo de las sucesivas relaciones de apego y amistad. Así, los niños y niñas con un apego seguro, tienen más probabilidad de lograr un buen nivel de competencia social, confianza, un consistente sentido del yo y experimentar procesos de resiliencia frente al estrés. Mientras que aquéllos que han establecido un apego inseguro o un apego ambivalente tienen más probabilidades de desarrollar trastornos psicopatológicos. Un bebé no sabe fabricar su propia seguridad, por ello necesita de la figura de apego, que le ayudará a gestionar sus emociones y a cubrir sus necesidades. Además, la vinculación que constituimos con nuestras figuras de apego tiene gran importancia en las relaciones afectivas que establecemos a lo largo de la vida.

 

Así, ser padre o madre biológicos no es garantía de que se desarrolle una función parental. Las capacidades parentales y marentales se adquieren a través de una vida de buenos tratos. Y si el niño o niña nace en un contexto donde sus padres no lo han desarrollado, es probable que no desarrolle esas competencias para hacerse cargo de sus hijos en un futuro. Cuidar y ser cuidado es fundamental para estar vivo y en buena salud. Es preferible el amor que el alimento (Barudy y Dantagnan, 2005). Desde la perspectiva ecológica del desarrollo de Bronfenbrenner, el entorno de vida en el que crecen los niños se encuentra intensamente articulado con el microsistema de creencias, valores y objetivos sociales.

 

Proceso

El proceso de socialización consiste en aprender a ver el mundo del modo como lo ve la sociedad donde se nace. Se lleva a cabo en el entrenamiento de la vida cotidiana. La comunicación entre padres e hijos es un ingrediente necesario de socialización, es aportar una forma de vivir. Y el conjunto de las normas conceden significación a la cultura. Esas normas, que tienen significado en esa cultura en concreto, aportan una ordenación del mundo, de las relaciones sociales. En este sentido, Berger y Luckman (1966) postulan que en la segunda infancia el niño interioriza la significación de las normas, que se van conformando en el seno de una relación familiar intensamente cargada de afecto y sentimientos recíprocos. Esto es posible gracias al vínculo afectivo.

Desde el principio al fin, el amor

Los niños asumen las normas, creencias y valores de los padres como una cosa natural, como una visión del mundo. Para Eibl-Eibesfeldt, los primeros cuidados hacia la cría constituyen un acontecimiento clave —un momento estelar— en la evolución del comportamiento de los vertebrados; con él no se desarrolló tan sólo la capacidad para el trato amistoso con la pareja, sino también para la vinculación individualizada y, con ello para el amor y la simpatía. Y es ese amor, un AMOR con mayúsculas, el que condiciona la existencia de esas formas superiores de sociabilidad que nos caracterizan (o deberían caracterizarnos) a los humanos.

 

Editorial Luis Bonilla. Expertos en enseñanza, formación a distancia, tutores cualificados y con variedad de cursos online.

 

 

💡 El Amor como Pilar en la Formación

Desde la infancia hasta la adultez, la formación no solo se basa en conocimientos técnicos o habilidades, sino también en el desarrollo de valores y emociones. En este sentido, el amor se manifiesta de múltiples formas:

1️⃣ Amor por el aprendizaje → La curiosidad y la pasión por conocer nuevos horizontes.
2️⃣ Amor propio → La autoestima y la confianza en uno mismo para afrontar desafíos.
3️⃣ Amor por los demás → La empatía y la construcción de relaciones significativas.
4️⃣ Amor por la vocación → La entrega y el compromiso con lo que se hace.


📚 La Formación con Amor: Un Proceso Transformador

Inicio: El amor como motivación inicial para aprender y crecer.
Proceso: El esfuerzo, la dedicación y la resiliencia en el camino de la formación.
Finalidad: La satisfacción de alcanzar metas y contribuir a un mundo mejor.

El amor, en su sentido más amplio, es el motor que nos permite evolucionar. Sin él, cualquier aprendizaje sería mecánico y carente de propósito.

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